miércoles, 12 de octubre de 2011

La suerte del petiso


Esta es la historia de un joven que hace 4 años viene sufriendo por amor:

Aquel que lo ve no se da cuenta la terrible historia que lleva adentro.
Todo se resume en una porteña un año mas grande que él, de cabello negro, labios muy rojos y una tez blanca que da escalofrío.
Se conocieron a travez de un amigo en comun apodado "el petiso", en el pueblo natal del joven, a mas de 500 km de la gran ciudad, donde los pajaritos todavía cantan, los arroyos de vez en cuando corren y los arboles sostienen hamacas paraguayas.
Era verano, y aquel joven acababa de conocer una persona mas en su vida. Tal vez no se dio cuenta que esa mujer, a los pocos meses, iba a ser la gran protagonista de tantos escritos, de tantos insomnios, de tanta cama mal armada.
Ella, por supuesto, volvio al barrio con su familia, volvio a hacer su vida normal sin saber que a larga distancia había un corazón llorando su ausencia.
Mientras tanto, el joven caminaba de punta a punta su pueblo, ideando un discurso con hermosas palabras.

Pasaron los meses y los artistas con sus canciones le hacían acordar al joven su extraño amor tan prematuro. Le dedicaba acordes con su guitarra pero no podía remediar ni a palos esa ausencia tan física como real. Ella volvió a tomarse vacaciones y a encontrarse con el joven, pero este no tuvo los huevos suficientes como para decírselo
Las veces que la pudo ver hasta ahora  pueden ser contadas con los dedos de la mano, pero cada vez que hablaba o reía con ella al lado le agarraba una sensación en el pecho de angustia y miedo, de no saber que hacer. Entonces no encontró modo alguno para llevar a cabo el discurso...
Pasaron cuatro años y sigue intacta la situación. Va, intacta no, porque ella poco a poco se olvida de la existencia del joven. Puede ser que cuando lee su nombre en internet se le venga algo a la memoria pero poco y nada.
El joven se encontraba harto de la situacion. Hasta que ella volvio sorpresivamente al pueblo.
El enamorado, confiado en decirselo, escribio la noche anterior estas palabras:

"Ojo, hay marea alta. El cielo que impone el sentido comun se pinta de celeste, con sol de primavera y flores de colores. Pero tus miedos e inseguridades te tienen atados de pies y manos, cinta en boca y parche en los ojos.
¿Que vas a hacer para no sonar cursi?
Tenes que parar de llorar y buscar la solucion. Mirarla a los ojos y transmitirle tu amor. Ese amor que se ve en cada poema, cada cancion, cada gesto de esas lagrimas que dominan cada rincon de tu piel.
Acordate cuando la mires que ella es libre de culpa y cargo, que vos fuiste el miserable y el pelotudo de dejarte sangrar por sangrar.
Sufriste solo con tus palabras guardadas y mañana tenes la oportunidad de no sufrir mas.
¿Que plan tenes?
que no te desanime el espejo, que no te escuche tu corazon, es hora de decirselo, como sea donde sea, sin pensar con el cerebro y hablar con el peso del alma.
         Te deseo suerte porque sos mediocre,
                            Y acordate que su cadera se enfria si no le hablas."

Entusiasmado espero el momento.
Era un sabado lluvioso.

El joven estaba seguro que la tormenta no iba a parar el punto de encuentro de siempre: La plaza.
Corrió muy ansioso. Pero su suerte le jugo una mala pasada...

La chica estaba a los besos con un amigo suyo, el petiso.






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