sábado, 22 de septiembre de 2012

Miedo al amor, valga la redundancia...


Son varios, ya, los que tienen miedo a amar.

Desconfían de sus propios sentimientos mas allá de lo fuerte que sean, construyen un muro y se quedan de un solo lado.

Como una cámara de razones y sentimientos, donde este ultimo nunca tiene quorum.

Es que son varios los que tienen miedo a comprometerse, a tomar de la mano en la ciudad, a presentarse en fiestas y bautismos, en entierros y cenas familiares, como si tuvieran que cumplir una función social.

Es que son varios ya, los clásicos tímidos con buena intuición, que activan de a meses, y cuando llegan a la gloria, le tienen vértigo y se vuelven, para muchos, crazys.

¿Alguien los entiende?

No lo sé, pero tengo sabido que son varios los inadaptados al amor, no acostumbran a acostumbrarse, valga la redundancia.

No odian, que quede claro, no son infieles ni desleales, están apegados a ellos mismos, y se quedan en su casa, como sanguijuelas.

Caminan la ciudad para no sentirse culpables, de quitarles el asiento a las parejas perfectas.

¿Qué carajo se tienen que meter esos novios de sentimientos perfectos y corazón de bolsillo?

Que cuando la relación culmina se van a una fiesta dejando a su ‘ex’ llorando en la habitación, junto a los peluches regalados.

Que cuando su ex esta llorando no les queda mas remedio en su super ego que lavarse las manos.

Y que cuando se lavan las manos dicen que las tenían limpias pero por las dudas lo hacen de nuevo.

Es que son varios, ya, los que le tienen miedo al amor y envidian enfáticamente al novio perfecto, que luego equivocadamente se equivoca, valga la redundancia, y hace sufrir a una mujer.

No hay que ser miedoso, mejor dicho, no hay que dejar de amar.

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