lunes, 5 de noviembre de 2012

Tres agujas


Tengo Miedo.

Cuando siento lo que no debo sentir, me sacude un miedo.

Al desencuentro quizás, la costumbre de ver cielo y que en realidad sea paja, que el viento lleva a donde quiere, que la lluvia deja sin sostén, que esconde agujas por doquier.

Es que estoy sentado viendo paja, controlando sin control la nada misma, endureciendo lágrimas que luego se caen lastimándome un pie. Estoy confuso, no me diferencio, escucho dos hombres llenos de perversidad, locamente destruidos, uno por la razón que atrae lluvias evitándolas, otro por tropiezos que raspan mi moral.

Tengo Miedo.

¿Que clase de autocritica es decir: tener miedo? ¿Acaso no es vagancia encerrar todo lo que  se percibe, con esa palabra?

Tres agujas que no se esconden protagonizan esta escena, una se mueve constantemente y detona un ruido preocupante. Estas tres campanas no anuncian ninguna misa, ningún bautismo a ningún distraído, solo me avisan que el mundo corre o camina según las cartas que ponga en juego.

¿Me la juego? Pero tengo miedo.
¿Miedo a que? ¿A perder?
No.



Miedo a perderte.

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