lunes, 25 de febrero de 2013

Vida


No es que este discurso venga con reproches y  un pedido claro de que cambies de actitud, solo es una descarga.

Veo que te vestís de bufón con todo el mundo menos conmigo, que das abrigo en los peores veranos y a mi con este invierno me dejas en banda.
Veo que con los que conviven en mi vereda te arrepentís seguido, golpeas y en consecuencia ofreces un botiquín.

¿Esto va a pasar siempre? Pregunto, porque si golpeas duele. Lo pueden hacer los que me tienen bronca y va a cicatrizar, pero si lo haces vos duele. Y mucho.

No es justo esto, ¿Acaso soy el hermano menor del mundo? ¿Acaso lo merezco de verdad?
¿Sino como puede ser que le regales a mis ojos lo perfecto y lo apoyes en un mundo equivocado? ¿Acaso fui testigo de algo que no tenía que ver?
¿Sino como puede ser que le regales a mi piel el mejor abrazo y lo apoyes en una espina con rosas?
¿Acaso soy parte de tus lagrimas?

Sé que algún día me vas a abandonar, como lo hiciste con todos estos millones de años  pero, ¿Es mucho desear que no me mientas? ¿Es mucho soñar que no me despiertes?.

Esta bien, no me escuches, dame la espalda. Seguí sacándome la almohada, mostrándome solo vidrieras.

Yo espero a tu enemigo, tu antónimo, ese que me va a llevar para siempre, ese que no tiene excusas cuando aparece, un ser determinante, eficaz. En cambio vos, de eficacia no entendes nada, y excusas tenes por doquier.

Adiós, me fui a soportarte.

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